viernes, 26 de abril de 2013



a d e l a n t e.
así, despacio.
una letra a la vez.

a d e l a n t e,
que estás hecha de viento y de caminos,
que no en vano han tejido en ti sus raíces
la luz y las palabras.

a d e l a n t e.
siempre has tenido las botas puestas,
es hora de partir.
lleva las horas doradas
entrelazadas en los dedos
y el cuerpo abierto,
semi-sólido,
lleno de corrientes de aire.

a d e l a n t e,
que lo que alguna vez fue bello
permanece
y hay que honrarlo con la mirada clara
para lograr que cristalice.







jueves, 13 de diciembre de 2012

núi lửa



he escuchado decir a mi cabeza —

que los grandes acontecimientos no son sólo guerras o reinados o civilizaciones que nacen y se derrumban — no son grandes batallas ni conquistas ni descubrimientos de teoremas universales.

los mayores acontecimientos son las guerras y las batallas y las conquistas y los nacimientos que suceden dentromuydentro de esos guerreros y conquistadores y descubridores que atraviesan la historia.

son los cambios de era de una noche a la siguiente, la prehistoria de cada madrugada. las glaciaciones. los terremotos. los diluvios sin aviso previo, sin profecía ni arca ni océano. la conciencia. la conciencia, ese pliegue del mundo sobre sí mismo. diluvia ahí, en el doblez, en el repliegue. ahí se resquebraja; ahí se reconstruye. sucede todo en ese vértice de lucidez dolorosa, que mira y narra y alberga terremotos.



[así quiero ser testigo de tu geología. como ese escritor que caminó hacia el vesubio en erupción. así, embriagado de terror y de belleza.

y será épico, amor.

que vengan mares y oleajes y ciclones y tormentas. que vengan eras de sol y de neblina, de grietas en la roca y de géisers y de remolinos.
que vengan; seré tu cronista y su demente, tu cantora y su memoria.
será minúsculo y épico, será hermoso y atroz.
que vengan.]










martes, 4 de diciembre de 2012

Elogio de Eva




La primera en levantar la vista más allá de lo permitido; la primera en desafiar el horizonte. De tu mirada despierta nació el deseo —jamás satisfecho—, que es nuestra agridulce condena. Tras la mirada y el deseo vino la audacia: alzaste la mano, Eva, y tomaste el fruto. Ahí nació el placer, con todo su caudal de atrocidades y de privilegios. La primera pecadora, te llaman. Yo pienso que habría que hacerte un altar, bendita pecadora, a ti que descubriste la feliz sentencia que nos hace carnales, finitas, deseosas, inquietas, insatisfechas e intrépidas. Te levantaste y pusiste el mundo entero en marcha, no como objeto de deseo, sino como ser deseoso, embebido de voluntad y pleno de poder. Tu osadía fue decir lo que era ya evidente: el jardín del edén era intachable, pero insípido. A cambio, nos ofreciste un repertorio jamás imaginado de contrastes y matices: tristezas entrañables, júbilos fugaces, imperfecciones atesoradas. Nos ofreciste la debilidad junto a la fuerza, el caos junto al sentido de armonía, la bondad unida a la crueldad; todo a un tiempo, sin aviso ni mesura. Gracias a ello nos sumergimos de lleno en el torbellino de la vida, con cuerpos reales que flaquean y que luchan, que persisten un tiempo, gozan, aman, y luego desaparecen. Te llaman pecadora, Eva. Yo te bendigo con este desencanto radiante, con la voz de mortal que me diste, con el cuerpo caído, arrojado y palpitante que nos heredaste. Bendita pecadora, Eva. Bendita mujer.


Podrás encontrar este texto impreso en un libro objeto editado por (c)acto durante el Foro de Ediciones Contemporáneas en el Museo de Arte Carrillo Gil del 7 al 9 de diciembre. 


jueves, 13 de septiembre de 2012

hoy, a las 5.




necesito verte para inventar otra vida.
así sin más, después de la oficina. anótalo en tu agenda: hoy, 5 pm, inventar una vida.
(una en la que se pueda iniciar el día con un picnic y terminarlo cantando en la azotea.)
te lo digo porque sé que está también en tu lista de cosas por hacer.
y porque es urgente, ya mismo, salir de esta vida cuadriculada y con vallas de seguridad en cada vértice. 
te lo digo además porque me preocupa olvidarlo, podría pasar el tiempo y pasar los años y jamás habríamos hecho esa cita a las 5 pm para inventar una vida.
y es urgente, repito, porque antes de que muera el último océano dentro de ti o la última ráfaga de viento dentro de mí, necesitamos inventar otra vida, con otras reglas, salir de este absurdo de una vez por todas.
(una en la que respirar hondo y abierto no sea exclusivo de los fines de semana. una en la que la libertad no tenga que esconderse en los rincones.)
lo digo porque es cuestión de tiempo: en un par de horas mi pensamiento podría volver a ser coherente. podría volver a creer que es impracticable.
antes de que se rompan todos mis abismos, antes de que se diluya todo nuestro vértigo.
no me dejes esperando. nos vemos a las 5.




jueves, 24 de mayo de 2012

inundación castálida




una fuente castalia citadina; tú, yo, algún sábado.
inundación, palabras anfibias, alegría suave,
viento sobre párpados cerrados que gotean.
un llanto alegre, germinar en aire, anidar en un roce.

poquito a poco, sin mirar, ir abriendo maletas, establecer hogar.
hogar cálido, casa de pecho de canto de océano.

[un alegre desencanto tranquilo, amplio y con ventanas;
una laguna, un intermedio.
tregua, a la mitad de la batalla.]

pero después... de vuelta. a los altibajos. a la distancia, al crujido de las horas.
yo paseo en las puntas de los pies, cantan las banquetas.
tú, silencio.

sucedió un día (¿cuándo?): inundación castálida, irisada, ardiente, líquida y amiga;
luego, pánico.
luego, nada.


viernes, 11 de mayo de 2012

Some disordered interior geometries





Cierta paz de ángulos equidistantes, de líneas rectas, de vértices inminentes. Cierta correspondencia con el cuerpo, con el tiempo hecho filamento.

Qué tranquilidad de ángulos agudos y de trazos sin sombra; ahí donde coinciden soma y metría.

Cuánta paz ser pentágono. 
Así —simple, sonoro, extendido.




Francesca Woodman, Some disordered interior Geometries





atroz,
así, y diamantado
el silencio del narrador.




sábado, 12 de noviembre de 2011



Querida tristeza, tantas veces busqué en vano tus motivos. Ahora pienso que esta pesadumbre recurrente e injustificada es simplemente un signo de cordura. Es un lazo especial con el núcleo incierto de la vida, con su injusticia y su extrañeza. Estos lapsus de desánimo y abandono son en realidad lapsus de lucidez; son los que me permiten no estar nunca demasiado cómoda, jamás demasiado quieta. Abrir los ojos, estar alerta a la crudeza del mundo, sentir su arañazo helado en el rostro de cuando en cuando. Querida tristeza, aunque sé que llegarás sin aviso, las puertas están abiertas.

jueves, 8 de septiembre de 2011

antártida




miro por la ventana. alcanzo a ver el mundo de lo más que humano, de lo inerte ensordecedor. la antártida, un pellizco de la antártida desde el cielo. y me dejo ser yo el blanco resplandeciente. no es difícil: la cordillera de rocas negras se extiende por mi espalda, con bordes de navaja, con paredes negras de ceniza, hechas de certidumbres amargas y minúsculas dosis de odio. sobre ellas brotan ríos plateados. es como asistir al nacimiento de los diamantes: los veo surgir en la cima de estas rocas de carbón. nace lo diáfano de las entrañas del mundo y yo lo miro. hielo fluido que cubre, rodea, penetra y acaricia la amargura antiquísima de la roca. sus bordes afilados y sus precipicios nada pueden contra el hálito terso, incansable, que resbala hasta formar lagos que relucen en el fondo de los abismos, lagos plácidos como los párpados cerrados de alguna criatura indeciblemente hermosa y terrible que respira tendida aquí, en el polo, y que me inunda con su aliento de plata, su respirar de agua helada, una sábana de yo no sé qué material etéreo, tejido sólo de luz, similar quizá al halo transparente que virginia woolf dice que es la vida, y que está naciendo justo ahora, frente a mí. respira la antártida sobre mi piel sedienta. eso miro por la ventana.

jueves, 23 de junio de 2011

Invitación al vértigo

I spent my vacation practicing immobility.
Sitting in a chair puts you into a void.
A device for thinking about writing. Three months later I'd
built up enough vertigo to justify a breath of air. (I got up).
-Marcel Broodthaers



Me eres urgente, hijo de Thánatos. El hastío del bienestar te reclama, te invoca mi cuerpo como a un dulce mal impostergable. Mi piel se dispone a alojarte: dejo surgir en mí una tranquila fiereza, un cierto afán eléctrico. Una voluntad como de anguila mantiene vigilantes todos mis ojos, todas mis manos, todas mis lenguas, y espero.

Te espero. Una pausa bravía,
luego tu sobresalto y mi derrumbe, tu esplendor y mi quebranto.

(Me besas; siento en mi cuerpo la muerte continua de todas las cosas. Tu aliento en mi espalda despierta en mi carne la certeza de la soledad, casi tan grande y hermosa como la de la finitud. Me miras y adivino el horror inconfesable que yace bajo cualquier pretendida verdad. Me acercas a ti; yo dejo que las grietas y las dudas y la inconsistencia surquen mi cuerpo y disipen mi calma.)

Quedan sólo mi ausencia y tu gobierno, tu golpe de lucidez fulminante, de goce maléfico. Te dejo inundarme de altura, de abismos, de sogas al cuello;

ocúpame, gigante, quebrántame con tu grito de angustia, con tu tierna agonía, que mi ánimo ansía tu tacto feroz.

viernes, 25 de marzo de 2011



sólo en contadas ocasiones se me ocurre que quizá toda esta incoherencia no es más que equilibrio, que quizá este aire de excentricidad consiste en un (frágil) balance entre razón y deseo, entre novedad y rutina, entre libertad y apego, entre tristeza y goce, entre prudencia y temeridad. después la ráfaga pasa y vuelvo a sentir el vértigo.

"loss is nothing else but change, and change is nature's delight" -marcus aurelius.

lo que sé es que me toca abrazar la fugacidad: el destello y su ausencia, el incendio y su herida.
me voy con el viento, lo que aún no conozco me llama con fuerza. hay que endurecer un poco los sentidos, ser un tantito menos atravesable, y seguir caminando. pero quién sabe, hay días en que incluso el viento se calma y reposa tranquilo en algún lugar hermoso. no sé todavía si este andar es de huracán o de brisa. aún investigo con ritmos distintos, hasta que coincidan conmigo. detenerme, nunca. la vida es andar.

sábado, 19 de febrero de 2011


1. beber una taza de té negro con aroma a vainilla y deslizarse en una pijama de seda verde, los pies descalzos y los cabellos como un estrépito de inquietudes que, llegada la hora de dormir, sencillamente resbalan de mi cabeza.
2. retirar la docena de almohadas color pavorreal que me gusta amontonar sobre la cama y encontrar un lugar para emparedarme entre semejante confusión de cobijas.
3. reconstruir tu abrazo, con precaución, en la memoria. la firmeza que aumenta despacio, el calor palpitante de tu pecho, la voz tremenda de tus manos sobre mi cuerpo.
4. saberme en casa, en esta guarida de espejismos que cada día edificamos con tanto empeño.
5. saberme en casa y sentir en tu abrazo la amplitud del océano abierto.
6. saberme en casa, contigo. y, sólo entonces,
7. dormir.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Texto (del latín textus= tejido).



Soltemos un par de mentiras para terminar el año como se debe, con un poco de despilfarro. Digamos, por ejemplo, que me he convertido en una investigadora de oficio. Sólo que mis métodos son poco usuales. Mi campo de exploración es el mundo completo y llevo mi laboratorio a cuestas o, más bien, empotrado. En el cuerpo. Supongamos que, una tarde, mi pensamiento, en su vagancia, se topa con una idea interesante. Una idea, imaginemos, que usa una gabardina roja y zapatos bicolores y tiene un olor sugerente como un pato al horno o como el romero o como la brea de una fogata a media noche. Y me atrae, y yo no sé por qué.  Es entonces cuando la investigación comienza. Uno no puede ser demasiado obvio, porque este tipo de ideas son huidizas. Uno las invita a sentarse en un silloncito para poder hablar frente a frente. Pero no les hace muchas preguntas, porque entonces se vuelven mudas. Digamos que, entre más habla uno, más callan ellas. Hay que dejarse divagar un poco, dar rodeos, invitarla a tomar el té o a mirar la tarde o a contar los botones de su gabardina.




Y, sobre todo, hay que escuchar. El mundo se escucha distinto cuando tienes una idea vestida de rojo sentada en alguna salita de tu pensamiento. Los oídos y los ojos de todo el cuerpo deben permanecer bien abiertos. Porque hay voces, voces bajitas, que cantan en silencio al interior de todas las cosas. Y resuenan en el cuerpo, y ésa es también una forma de cantar. Y entonces comprendemos. Hay que tomar ese canto silencioso que nos dejó la idea entrevistada con su gabardina roja. Es como un hilo muy delgado que hay que tejer, con cuidado, con el resto de los hilos que hayamos encontrado en nuestras investigaciones. Y, conforme el tejido vaya tomando forma, sabremos de qué se trataba la investigación. Desde luego, aún es necesario averiguar qué hacer con ese pequeño y reciente engendro. Pero para ello aún nos quedan muchas vueltas al sol y, por lo pronto, tejer es una delicia. Tejer bajo el sol del invierno, mientras la tarde se diluye despacio.


(Para leer más mentiras: puraspurasmentiras.blogspot.com)

lunes, 6 de diciembre de 2010




Una vez más, me sorprendo ante la capacidad que tienen las palabras de darle forma a la vida. Las palabras que elegimos al articular nuestras experiencias no son en vano, de ahí el poder de relatar lo vivido por escrito. El texto que resulte de ninguna manera puede ser neutro, como una simple enumeración de acontecimientos. Tampoco es solamente una interpretación de lo que hemos vivido, sino que, en cierto sentido, es una creación de vivencias. Es al reflexionar, al volver sobre los hechos y nombrarlos, cuando grabamos en nuestra memoria la versión definitiva de lo sucedido, aquella que recordaremos como verdadera, olvidando que, como creación nuestra, conserva su carácter plástico y modificable. Por eso la escritura puede ser curativa: reside en ella un auténtico poder creativo, no sólo de ficciones, sino de la propia vida, al re-crearla (pues, finalmente, ¿qué es la vida sino el relato que nos hacemos de ella? ¿qué unidad tienen nuestras experiencias, qué somos sino la narración que construimos de nosotros mismos?). No obstante, este poder también puede manifestarse para mal. Escribir acerca de tristezas y decepciones puede fijarlas como tales, convirtiendo algo pasajero e irrelevante en un acontecimiento digno de mención. ¡Qué ironía que muchos de los textos más bellos hablen de tristezas!

En fin. Ayer decidí llamar amor lo que antes sólo aceptaba llamar cariño. Mi afán al negar el amor era escandalizador, sí, despertar el pensamiento de muchos al criticar una noción repleta de malentendidos, sobrevalorada en versiones erróneas y asumida sin ninguna reflexión, como una cura fácil y casi milagrosa. Pero al lograr por fin pronunciar esas palabras, mi experiencia se transformó. Sólo llamándolo con el mismo nombre podemos avanzar hacia eso que únicamente puedo aceptar como el reflejo, entre dos personas, de una actitud que forzosamente debe rebasar las relaciones de pareja y alcanzar todo lo vivo, todo lo existente, desde la mirada humana. Sin garantías, sin eternidad, como fruto de una construcción crítica.

Palabras que abren caminos.

miércoles, 1 de diciembre de 2010



Un libro rojo, pequeño. Hablaba de ella. Diótima.
Lo apretaba contra mí. Sentía mi pecho violento latir contra él.
Inventé ritos, entonces. Un par de mentiras dulces.

Lo envolví despacio en un lienzo azul. Un lienzo azul con flores. Rojas las flores. Un lienzo recién lavado, lavado por mis manos. No sólo lienzo: era casa-cuidado-raíces.

Era noche; salí al patio. El cielo era rojo, rojo de frío. Estrellas.
Subí a la azotea. El libro envuelto en el lienzo. El viento en mi nuca. Viento-despedida. Viento-desapego.
Lo solté. El lienzo al aire, arrastrado por el viento. El lienzo-hogar era pájaro.

No era suficiente. Subí más alto.
El viento en mis pies desnudos. Descalcé mi cuerpo.

El viento en todos mis ojos.

Mi lienzo es color de noche. En noche y viento me envuelvo. De noche, casa y viento recubro mi cuerpo. De quietud y desafíos. De nómada y sedente independencia. De fiera ternura. De líquido cariño.

Mis opuestos se tocan.


Pero, al final, elijo el vuelo. Casi siempre elijo el vuelo. 


Bajé. Dejé libro, lienzo y ritos.

Aún voy envuelta en la noche.
Aún llevo el viento conmigo.

viernes, 12 de noviembre de 2010

sin tregua

.



siento un dolor antiguo en el fondo de los ojos
que no me deja andar erguida
.
para la vida no hay tregua
.
el único consuelo es el descanso, la dulce noche
[la noche, gota a gota]
.
pero es una muerte brevísima
y pasa inadvertida
.
[pues al renunciar a la implacable lucidez
que me procura ah cuántos horrores,
renuncio también a sus goces]
.
te aborrezco, querida soledad
[sustitúyase soledad por razón, sinrazón o melancolía, a placer]
.
.
quisiera tener un día en bajísimo contraste
en cámara lenta, con el sonido al mínimo
.
un día pintado a la acuarela
.
y entonces buscaría esos hermosos espacios en blanco
.
para flotar allí
y solamente
.
dejarme absorber
.
.

lunes, 31 de mayo de 2010

Naufragio en ralentí



En este diluvio de aconteceres, ¿quién toma nota de mis pasos? ¿quién detiene sobre mí su mirada? No sé si es la fatiga o la sombra de este tedio que es mi verdugo (mi cómplice, mi judas), pero hay ocasiones en que me reconozco extranjera -¿o será que me des-conozco propia?

Río y a la vez me miro reír desde cierta distancia, con la cara sombría, con la incomprensión tranquila de quien habita la fugacidad de los días y las noches de los hombres. Bailo y permanezco inmóvil, grito sin salir del silencio. Extraña a mí misma: nunca alcanzaré a mirar a través mío -soy bruma, soy tiniebla. Mis propios caminos son una tierra incógnita y no soy yo quien podrá recorrerlos. ¿Lo hará alguien, antes de que se desvanezcan? (Quizá lo harás tú, quizá no.)

Ajena, tantas veces ajena, aunque porte mi reserva de fuegos de artificio, de luces de colores, de palabras talladas y brillantes, de estudiada pirotecnia.

Poquísimos, como catástrofes gozosas, son los lugares en que me siento en casa: bajo la caricia dulce del sol, entre tus brazos incandescentes, sobre el cielo abierto y junto al mar. Sólo entonces dejo aparte las maletas y hago patria, me diluyo, co-incido con la tierra-carne-viento. Pero después miro una vez más al horizonte y calzo de nuevo las botas de viaje -el éxodo debe continuar. 

martes, 4 de mayo de 2010

Sintonía



Sintonía- fis. Igualdad de tono o frecuencia entre dos sistemas de vibraciones.

Eres la primera vez que respiro. Al contacto con la tuya, mi piel no es ya muralla, sino ventana abierta. Más que ventana: es el aire que la atraviesa. 

Llevas debajo de la piel el firmamento -no sólo debajo: tu piel es océano (en ti resuelvo mis galimatías). Tu pecho es canto de aire y de sol, claro y ardiente. (En tu cuerpo resuena ancestral el latido del mar, con su ir y venir, con su muda pasión.)

En carne propia me has descubierto que lo corpóreo algo tiene de inasible. Soy carnal; ergo, soy etérea. 

Pensarte es dejarme invadir por el viento, es huirme con él (contigo). Cuando te pienso algo se abre: soy yo quien se amplía, quien pierde sus contornos, se invade de enormidad o se funde con ella. Como caminar la marea, ligera, ligera, ligera. 

Es viaje la vida contigo, es paseo, es andanza. Somos aves terrestres (anidamos en el vaivén del tiempo: en su pitagórica melodía). 

domingo, 2 de mayo de 2010

Tentación


Salir del estudio por la ventana, pese a que la puerta está abierta. Un paso grande para alcanzar la jardinera. Caminar sobre el pasto con los pies descalzos, subir la escalera del patio de atrás, sentir el ardor de las tejas rojas bajo mis plantas. Paraíso olvidado, mi azotea.

Acostarme cabeza abajo. Observar cómo, en un instante, el mundo cobra su justa dimensión. Casi todo es un cielo sin nubes. Las copas de los árboles y los tejados cercanos forman sólo el flequillo de mi horizonte. La ciudad es un murmullo que se traga el viento. Escuchar que pasan junto a mí pájaros temerarios, fingiendo suicidios desde las alturas.  Escribir en mi tobillo la palabra quizá: la vida toda es un quizá. Pensar que el tiempo se coagula los domingos. Sentir que el sol embarra mi piel y esa montañita enana que algún día voy a escalar.

Recordar el apremio del trabajo pendiente -atravesar tejado, escaleras, patio y ventana. Volcarme, de nuevo, en esta pantalla. Conservar en mis pies una capa de polvo: polvo de altura, de cielo, de aves; polvo que atestigua mi huida y que guarda la dulzura de caer en la tentación.

miércoles, 7 de abril de 2010




Hoy por primera vez te desencontré y fue tan triste
porque no sé siquiera si este desencuentro requería tu ausencia
o si bastaba con la mía.

Mi ausencia y yo escribimos a gritos: lo que de lodo está hecho,
de lodo vive, al lodo ama, al lodo vuelve.

Los humanos no somos más que agujeros.

jueves, 4 de marzo de 2010

Parumbo violinista


¡Querido parumbo! En el nombre sonoro traías ya la alegría. Ese nombre tuyo, parumbo, que resuena como tambores de fiesta. Eres un acorde con patas, sólo hacía falta darse cuenta. Te estrellas de frente contra la vida, sí, pero cada choque es una nota y tu existencia triste es una sinfonía. Caminando por el lodo, solitario, encontraste un violín y aprendiste a sacarle sonidos. Aprendiste a rascarlo, a agitar el aire dentro de su cuerpo de madera y a dejar que ese aire escapara en gemidos y en voces y que entrara, a su vez, a agitar el aire de los oídos de cualquier paseante. Eres un hermoso fracaso pequeñito que sabe tocar el violín. Eres todo deseo, parumbo, y aunque tu deseo no se satisfaga nunca, cada tambaleante pasito que das hace un sonido como de violonchelo. Y uno aprende a encontrarles el gusto, aunque vayan en la dirección equivocada. No hay dirección, parumbo, no hay escapatoria, ¡pero tus pasos despiden canciones, tus pasos se quejan y ríen, mienten y esperan! ¡Cantas, querido engendro, señal de que te dejas atravesar por el mundo! Con ese violín, eres capaz de decir lo que siente tu cuerpo nomás por tener en medio de la cara un par de agujeros, dos ojos abiertos. ¡Celebra el vacío, parumbo, canta el silencioso y simple existir de las cosas! ¡Canta, triste parumbo, que la vida es música!

                                   

martes, 23 de febrero de 2010

Ocupaciones. Salir a cazar luz.


No hace falta desnudar los pies para recorrer los caminos de la luz o para imitar sus danzas. Tampoco hacen falta botas. Es necesario, sin embargo, ser permeable; tener más de indeterminación que de consistencia; ser soluble, abierto, cuasi transparente, para adecuarse a ella y a su irrealidad, para poder enfrentarse a su ligereza. Es preciso, también, ser audaz; no retroceder ante su omnipresencia, ante su interminable dinamismo. La luz es, quizá, una especie de fuego líquido. Como él -a decir de cierto griego- es una permanente impermanencia.
...

Se puede comenzar por caminar la luz, muy despacio. Seguir sus hilos y su tejido: como una manta suave en las banquetas y en los techos de las casas, como un río que desciende desde los faroles, como una especie de plasma que llena las habitaciones. Se quiebra al pasar por los árboles, sus fragmentos yacen, agonizantes, en el suelo. Al pasar por el cristal o el metal, su velocidad se vuelve vertiginosa; estos materiales le permiten resplandecer, mostrarse orgullosa y suficiente. ¿No asociamos la elegancia a las superficies brillantes? En sus reflejos se escucha como una burla, una risa leve. 


El juego de la luz consiste en mostrarse y ocultarse. Todo cuanto conocemos se ubica en algún punto de esa tensión. Y es esa tensión la que utilizan, con precisión, los científicos. ¿Qué es un foco, sino una prisión de luz? ¿No es ése el mérito de la civilización, domesticar la luz? Dominar sus caminos: hacer que circule en cables por debajo y por encima de nosotros, hasta llegar, humilde y obediente, hasta nuestros televisores, refrigeradores, hornos y demás artefactos.
...

Pero las barreras no son suficientes, no podemos aprisionarla. La luz es salvaje, indomable, primitiva, nos rebasa -pero es ella misma irrebasable. Los caminos que creemos nuestros no son más que caminos de la luz; es ella quien los domina. Es ella quien entra masivamente por puertas y ventanas. No es gente, sino luz, lo que viaja en un auto.


Y entonces comprobamos, ¡horror!, que nada hay que pueda detenerla; que cuando alguien abre la boca, allá va ella; cuando levanta la mirada, cuando gira el cuerpo, cuando extiende las manos, es la luz la que revela sus movimientos y delinea sus acciones. La luz se resbala por sus brazos, por su cara; lo rodea, lo atraviesa, lo posee: ¿no es ella, acaso, la que lo conforma, la que lo crea al momento de deslizarse por su cuerpo?
...

Si la luz nos atraviesa, se corre el riesgo de quedar preso entre sus redes. Se corre el riesgo de embriagarse de luz. La sensación podría ser placentera: podríamos desistir en nuestros intentos de liberarnos. Podría gustarnos la esclavitud. Pero entonces estaríamos a su merced: preñados de luz, invadidos por ella. Y no sólo eso, sino que, al cabo de algún tiempo (insoportable y redundantemente lúcido), nos descubriríamos embarrados, sucios de luz. Quizá, si la ebriedad no encontrara alguna manera de salir -en carcajadas o en gritos de histeria, por ejemplo- terminaríamos siendo roídos por la luz.

Permanente, inevitablemente traslúcidos. Seres penetrables, indefinidos: humanos. 

martes, 9 de febrero de 2010

Dibujar el deseo




Tocar, palpar con la mirada. El dibujo se convierte en un acto erótico, el papel es un mapa de caricias. No es la luz ni la sombra lo que marca el lápiz, sino el calor, la sensación de la carne en mis palmas, la presión de mi mano sobre su espalda, sobre la curva de su cintura, el deseo que debo contener. Los lugares más oscuros no son los más sombríos, sino aquellos que mis dedos recorren una y otra vez, con suavidad, despacio. Se puede ver en la imagen la persistencia de las caricias. No importan los contornos ni las proporciones. Importa el tacto, importa el trato con ese cuerpo que tengo delante. El ojo es el lápiz.

Me gustaría trazar en tu espalda el recorrido de mis deseos. Atrapar tu respiración. Que los dedos no se detengan en la superficie de la piel, que se hundan en tu cuerpo. Lo que tocan está vivo, crece, disminuye, vibra, despide calor. ¿Cómo podría una imagen capturar eso? Sólo con los ojos cerrados. Pintar con el tacto y no con el intelecto.

¿Por qué tiemblo? Despierten, manos, vayan, devoren el mundo suavemente. Todos los objetos se ofrecen a mí, cualquier cosa es buena para un encuentro íntimo. Quiero que dibujar una silla sea un silencioso hacerle el amor.

viernes, 1 de enero de 2010

Cuando la fiesta termina



Esta entrañable ausencia, esta incomodidad cotidiana, este dolor del cuerpo, este frío. Aquella mancha en el suelo, la superficie gastada de algo que antaño relucía. El sabor agrio en la boca al despertar. El silencio de las multitudes. El hartazgo de la dicha. El presentimiento de que el tiempo se acaba. La mirada cínica del verdugo que se descubre en el fondo de la risa de los niños. El chirrido de las horas, los días, los meses. El crujir de las dudas en mis huesos. Esta noche y su esqueleto. Esta estudiada incompletud, este querido vacío.