lunes, 5 de marzo de 2007

Noche negra



Por la ventana abierta entra el viento de la noche. Sólo el canto de los grillos interrumpe el silencio, pero la niña no duerme. Con los ojos bien grandes, parece que quisiera penetrar la oscuridad. La nana cabecea, meciéndose en un rincón del cuarto.
– ¿De qué está hecha la noche, Cata? – pregunta la niña sin volver la mirada.
– La noche, niña, está hecha de sueños – divaga, complaciente, la nana.
– ¿Todos los sueños son negros, Cata?
– Negros como el zapote negro, niña. Pero dulces.
– ¿Y los zapotes amargos?
– A ésos les pones azúcar o los tiras a la tierra. La tierra sabe hacerlos dulces de nuevo.
– ¿A qué sabe, Cata, a qué sabe la noche?
– La noche sabe a paz y sabe a tierra. Sabe a frutas y a zapote, sabe a planta, a sueño y a luna. La noche sabe a ti, niña.
La nana vuela entre respuestas posibles. Tal vez nunca había estado tan lejos de la tierra, o tal vez nunca había estado tan cerca.
La noche es todo y es nada, el sueño es tibio y la niña es noche.
– ¡Quiero comer noche y quiero comer día!
– Duérmete, niña.

5 comentarios:

  1. jajajajaja

    a que sabe la noche Liz?

    a que saben las estrellas?

    a que sabe la obscuridad?

    ResponderEliminar
  2. Wow... me encantó este post... yo tmb quiero comer noche, quiero comer sueños y beber lagrimas... Comerme de un bocado el cielo y dejar obscuridad...

    ResponderEliminar
  3. La inocencia reconoce en la noche el sabor dulce y la ansiada paz, una moral relajada es atacada por los fiscales de una mal usada libertad al intentar probar un poco de paz.

    ResponderEliminar